martes 28 de diciembre de 2010

Maybe I'm Amazed

(Paul McCartney)

Baby I'm amazed at the way you love me all the time
Maybe I'm afraid of the way I love you
Baby I'm amazed at the way you pulled me out of time
And hung me on a line
Maybe I'm amazed at the way I really need you

Baby I'm a man maybe I'm a lonely man
Who's in the middle of something
That he doesn't really understand

Baby I'm a man and maybe you're the only woman
Who could ever help me
Baby won't you help me understand?

Baby I'm a man, maybe I'm a lonely man
Who's in the middle of something
That he doesn't really understand

Baby I'm a man and maybe you're the only woman
Who could ever help me
Baby won't you help me understand?

Baby I'm amazed at the way you're with me all the time
Maybe I'm afraid of the way I leave you
Baby I'm amazed at the way you help me sing my song
Right me when I'm wrong
Maybe I’m amazed at the way I really need you


lunes 20 de diciembre de 2010

Preámbulo necesariamente innecesario

Demasiado tiempo ha pasado desde que este blog ve algún tipo de movimiento. Pensé en borrarlo muchas veces, pero desistía ante la certeza de que lo que aquí hay escrito son trozos de momentos que valieron la pena ser expuestos o ante la esperanza de que algún día volvería a tener algo sobre qué escribir.

Y claro que hay cosas sobre qué escribir, de un tiempo hasta acá hay bastante. Todas y cada una se pueden resumir en ti, en ti mujer. Viniste a remecerme, a despertarme, a quebrar muchos esquemas y botar tantas barreras que aún no salgo de la sorpresa.

Es tan rotundo el momento en que miras a alguien que has visto por mucho tiempo, pero que de pronto parece distinta, se muestra con otros matices, se redescubre. No sé cómo explicarlo y por temor a no hacer justicia, no lo voy a intentar, pero eras alguien en un momento y fuiste todo al siguiente, de sopetón, sin anuncios ni advertencias.

Y te miro con ojos nuevos, con perspectivas diferentes, con otra forma de pensar y de enfrentarte. Te miro y bien sabes que no puedo dejar de hacerlo. Trato de memorizarte, de aprender cada una de tus expresiones. Porque te miro y pienso, sueño, me asombro y me lleno de ganas de gritarte todo lo que siento, mandando al carajo la prudencia y los tiempos, pero callo, me lo guardo, te lo digo con un beso.

Inagotable. Sencilla. Fuerte. Frágil. Tranquila. Constante. Protectora. Seductora. Bella, bella, bella.

Cómo te explico mujer que el tiempo contigo no es correlativo en minutos sino en emociones. Que te elijo por sobre todo y todos, prioridad tajante. Que te llevo en el primer pensamiento del día y en el último cuando no hay más luz que el recuerdo de tu risa. Que tus ojos me llevan a donde quieras conducir, de tu mano, tu cintura y mis ilusiones. Cómo te cuento mujer que avanzas a pasos firmes por el camino de mi vida, llenando cada rincón con tus delfines.

Como ves hoy sí había motivos para escribir, para escribirte, no sé si siendo totalmente claro, pero siendo al fin y al cabo. Y tal vez esto que escribo es sólo un gigantesco preámbulo, cargado de pequeñas pinceladas de todo lo que eres, para decirte hoy que Te Quiero.

lunes 21 de julio de 2008

Mantenerse hambriento, mantenerse insensato...

Este es uno de los mejores discursos que he escuchado en mi vida, lo pronunció Steve Jobs (fundador de Apple) en la Universidad de Stanford en junio de 2005.

Me identifica totalmente en muchos conceptos, hacer lo que te hace feliz, seguir a tu corazón y a tus instintos y nunca dejar de lado la insensatez, entre otros. Les dejo el video del discurso subtitulado y la transcripción del texto.

!Sigan hambrientos, sigan insensatos!




Tengo el honor de estar hoy aquí con vosotros en vuestra graduación en una de las mejores universidades del mundo. Nunca me gradué. A decir verdad, esto es lo más cerca que jamás he estado de una graduación universitaria. Hoy os quiero contar tres historias de mi vida. Nada especial. Sólo tres historias.

La primera historia versa sobre cómo se conectan los puntos.

Dejé Reed College después de los seis primeros meses, pero después seguí por allí por libre otros 18 meses, más o menos, antes de dejarlo de veras. Entonces, ¿por qué lo dejé?

Comenzó antes de que yo naciera. Mi madre biológica era una titulada universitaria joven y soltera, y decidió darme en adopción. Ella tenía muy claro que quienes me adoptaran tendrían que ser titulados universitarios, de modo que todo se preparó para que fuese adoptado al nacer por un abogado y su mujer. Solo que cuando aparecí decidieron en el último momento que lo que de verdad querían era una niña. Así que mis padres, que estaban en lista de espera, recibieron una llamada a media noche preguntando: “Tenemos un niño no esperado; ¿lo queréis?” “Por supuesto”, dijeron. Mi madre biológica se enteró de que mi madre no tenía titulación universitaria, y que mi padre ni siquiera había terminado el bachillerato, así que se negó a firmar los documentos de adopción. Sólo cedió, meses más tarde, cuando mis padres prometieron que algún día iría a la universidad.

Y 17 años más tarde realmente fui a la universidad. Pero de forma descuidada elegí una universidad que era casi tan cara como Stanford, y todos los ahorros de mis padres de clase trabajadora los estaba gastando en mi matrícula. Después de seis meses, no le veía propósito alguno. No tenía idea de qué quería hacer con mi vida, y menos aún de cómo la universidad me iba a ayudar a averiguarlo. Y me estaba gastando todos los ahorros que mis padres habían conseguido a lo largo de su vida. Así que decidí dejarlo, y confiar en que las cosas saldrían bien. En su momento me dio miedo, pero en retrospectiva fue una de las mejores decisiones que nunca haya tomado. En el momento en que lo dejé, ya no fui más a las clases obligatorias que no me interesaban, y comencé a meterme en las que parecían interesantes.

No era idílico. No tenía dormitorio, así que dormía en el suelo de las habitaciones de mis amigos, devolvía botellas de Coca Cola por los 5 céntimos del depósito para conseguir dinero para comer, y caminaba más de 10 Km los domingos por la noche para comer bien una vez por semana en el templo de los Hare Krishna. Me encantaba. Y muchas cosas con las que me fui topando al seguir mi curiosidad e intuición resultaron no tener precio más adelante.

Os daré un ejemplo: en aquella época el Reed College ofrecía la que quizá fuese la mejor formación en caligrafía del país. En todas partes del campus, todos los póster, todas las etiquetas de todos los cajones, estaban bellamente caligrafiadas a mano. Como ya no estaba matriculado y no tenía clases obligatorias, decidí atender al curso de caligrafía para aprender cómo se hacía. Aprendí cosas sobre el serif y tipografías sans serif, sobre los espacios variables entre combinaciones de letras, sobre qué hace realmente grande a una gran tipografía. Era sutilmente bello, histórica y artísticamente, de una forma que la ciencia no puede capturar, y lo encontré fascinante.

Nada de esto tenía ni la más mínima esperanza de aplicación práctica en mi vida. Pero diez años más tarde, cuando estábamos diseñando el primer ordenador Macintosh, volvió a mí. Y diseñamos el Mac con todo dentro. Fue el primer ordenador con tipografías bellas. Si nunca me hubiera dejado caer por aquél curso concreto en la universidad, el Mac jamás habría tenido múltiples tipografías, ni tipos con espaciado proporcional. Y como Windows no hizo más que copiar el Mac, es probable que ningún ordenador personal los tuviera. Si nunca hubiera decidido dejarlo, no habría entrado en esa clase de caligrafía, y los ordenadores personales no tendrían la maravillosa tipografía que poseen. Por supuesto que era imposible conectar los puntos mirando hacia el futuro cuando estaba en clase. Pero era muy, muy claro al mirar atrás diez años más tarde.

Otra vez: no se pueden conectar los puntos hacia adelante, sólo puedes hacerlo hacia atrás. Así que tenéis que confiar en que los puntos se conectarán alguna vez en el futuro. Tienes que confiar en algo — tu instinto, el destino, la vida, el karma, lo que sea. Esta forma de actuar nunca me ha dejado tirado, y ha marcado la diferencia en mi vida.



Mi segunda historia es sobre el amor y la pérdida.

Tuve suerte — supe pronto en mi vida qué era lo que más deseaba hacer. Woz y yo creamos Apple en la cochera de mis padres cuando tenía 20 años. Trabajamos mucho, y en diez años Apple creció de ser sólo nosotros dos a ser una compañía valorada en 2 mil millones de dólares y 4.000 empleados. Hacía justo un año que habíamos lanzado nuestra mejor creación — el Macintosh — un año antes, y hacía poco que había cumplido los 30. Y me despidieron. ¿Cómo te pueden echar de la empresa que tú has creado? Bueno, mientras Apple crecía contratamos a alguien que yo creía muy capacitado para llevar la compañía junto a mí, y durante el primer año, más o menos, las cosas fueron bien. Pero luego nuestra perspectiva del futuro comenzó a divergir, y finalmente nos apartamos completamente. Cuando eso pasó, nuestra Junta Directiva se puso de su parte. Así que a los 30 estaba fuera. Y de forma muy notoria. Lo que había sido el centro de toda mi vida adulta se había ido, y fue devastador.

Realmente no supe qué hacer durante algunos meses. Sentía que había dado de lado a la anterior generación de emprendedores – que había soltado el testigo en el momento en que me lo pasaban. Me reuní con David Packard [de Hewlett Packard] y Bob Noyce [inventor del circuito integrado, Intel], e intenté disculparme por haberla fastidiado tanto. Fue un fracaso muy notorio, e incluso pensé en huir del valle [Silicon Valley]. Pero algo comenzó a abrirse paso en mí — aún amaba lo que hacía. El resultado de los acontecimientos en Apple no había cambiado eso ni un ápice. Había sido rechazado, pero aún estaba enamorado. Así que decidí comenzar de nuevo.

No lo vi así entonces, pero resultó ser que el que me echaran de Apple fue lo mejor que jamás me pudo haber pasado. Había cambiado el peso del éxito por la ligereza de ser de nuevo un principiante, menos seguro de las cosas. Me liberó para entrar en uno de los periodos más creativos de mi vida.

Durante los siguientes cinco años, creé una empresa llamada NeXT, otra llamada Pixar, y me enamoré de una mujer asombrosa que se convertiría después en mi esposa. Pixar llegó a crear el primer largometraje animado por ordenador, Toy Story, y es ahora el estudio de animación más exitoso del mundo. En un notable giro de los acontecimientos, Apple compró NeXT, regresé a Apple, y la tecnología que desarrollamos en NeXT es el corazón del actual renacimiento de Apple. Y Laurene y yo tenemos una maravillosa familia.

Estoy bastante seguro de que nada de esto habría ocurrido si no me hubieran echado de Apple. Creo que fue una medicina horrible, pero supongo que el paciente la necesitaba. A veces, la vida te da en la cabeza con un ladrillo. No perdáis la fe. Estoy convencido de que la única cosa que me mantuvo en marcha fue mi amor por lo que hacía. Tenéis que encontrar qué es lo que amáis. Y esto vale tanto para vuestro trabajo como para vuestros amantes. El trabajo va a llenar gran parte de vuestra vida, y la única forma de estar realmente satisfecho es hacer lo que consideráis un trabajo genial. Y la única forma de tener un trabajo genial es amar lo que hacéis. Si aún no lo habéis encontrado, seguid buscando. No os conforméis. Como en todo lo que tiene que ver con el corazón, lo sabréis cuando lo hayáis encontrado. Y como en todas las relaciones geniales, las cosas mejoran y mejoran según pasan los años. Así que seguid buscando hasta que lo encontréis. No os conforméis.



Mi tercera historia es sobre la muerte.

Cuando tenía 17 años, leí una cita que decía algo como: “Si vives cada día como si fuera el último, algún día tendrás razón”. Me marcó, y desde entonces, durante los últimos 33 años, cada mañana me he mirado en el espejo y me he preguntado: “Si hoy fuese el último día de mi vida, ¿querría hacer lo que voy a hacer hoy?” Y si la respuesta era “No” durante demasiados días seguidos, sabía que necesitaba cambiar algo.

Recordar que voy a morir pronto es la herramienta más importante que haya encontrado para ayudarme a tomar las grandes decisiones de mi vida. Porque prácticamente todo — las expectativas de los demás, el orgullo, el miedo al ridículo o al fracaso — se desvanece frente a la muerte, dejando sólo lo que es verdaderamente importante. Recordar que vas a morir es la mejor forma que conozco de evitar la trampa de pensar que tienes algo que perder. Ya estás desnudo. No hay razón para no seguir al corazón.

Hace casi un año me diagnosticaron cáncer. Me hicieron un barrido a las 7:30 de la mañana, y mostraba claramente un tumor en el páncreas. Ni siquiera sabía qué era el páncreas. Los médicos me dijeron que era prácticamente seguro un tipo de cáncer incurable, y que mi esperanza de vida sería de tres a seis meses. Mi médico me aconsejó que me fuese a casa y dejara zanjados mis asuntos, forma médica de decir prepárate a morir. Significa intentar decirle a tus hijos todo lo que ibas a contarles en los próximos diez años en unos pocos meses. Significa asegurarte de que todo queda atado y bien atado, para que sea tan fácil como sea posible para tu familia. Significa decir adiós.

Viví todo un día con ese diagnóstico. Luego, a última hora de la tarde, me hicieron una biopsia, metiéndome un endoscopio por la garganta, a través del estómago y el duodeno, pincharon el páncreas con una aguja para obtener algunas células del tumor. Yo estaba sedado, pero mi esposa, que estaba allí, me dijo que cuando vieron las células al microscopio los médicos comenzaron a llorar porque resultó ser una forma muy rara de cáncer pancreático que se puede curar con cirugía. Me operaron, y ahora estoy bien.

Esto es lo más cerca que he estado de la muerte, y espero que sea lo más cerca que esté de ella durante algunas décadas más. Habiendo vivido esto, ahora os puedo decir esto con más certeza que cuando la muerte era un concepto útil, pero puramente intelectual:

Nadie quiere morir. Ni siquiera la gente que quiere ir al cielo quiere morir para llegar allí. Y sin embargo la muerte es el destino que todos compartimos. Nadie ha escapado de ella. Y así tiene que ser, porque la Muerte es posiblemente el mejor invento de la Vida. Es el agente de cambio de la Vida. Retira lo viejo para hacer sitio a lo nuevo. Ahora mismo lo nuevo sois vosotros, pero dentro de no demasiado tiempo, de forma gradual, os iréis convirtiendo en lo viejo, y seréis apartados. Siento ser tan dramático, pero es bastante cierto.

Vuestro tiempo es limitado, así que no lo gastéis viviendo la vida de otro. No os dejéis atrapar por el dogma — que es vivir según los resultados del pensamiento de otros. No dejéis que el ruido de las opiniones de los demás ahogue vuestra propia voz interior. Y lo más importante, tened el coraje de seguir a vuestro corazón y vuestra intuición. De algún modo ellos ya saben lo que tú realmente quieres ser. Todo lo demás es secundario.

Cuando era joven, había una publicación asombrosa llamada The Whole Earth Catalog [Catálogo de toda la Tierra], una de las biblias de mi generación. La creó un tipo llamado Stewart Brand no lejos de aquí, en Menlo Park, y la trajo a la vida con su toque poético. Eran los últimos años 60, antes de los ordenadores personales y la autoedición, así que se hacía con máquinas de escribir, tijeras, y cámaras Polaroid. Era como Google con tapas de cartulina, 35 años de que llegara Google: era idealista, y rebosaba de herramientas claras y grandes conceptos.

Stewart y su equipo sacaron varios números del The Whole Earth Catalog, y cuando llegó su momento, sacaron un último número. Fue a mediados de los 70, y yo tenía vuestra edad. En la contraportada de su último número había una fotografía de una carretera por el campo a primera hora de la mañana, la clase de carretera en la que podrías encontrarte haciendo autoestop si fueseis así de aventureros. Bajo ella estaban las palabras: “Sigue hambriento. Sigue alocado”. Era su último mensaje de despedida. Sigue hambriento. Sigue alocado. Y siempre he deseado eso para mí. Y ahora, cuando os graduáis para comenzar de nuevo, os deseo eso.
Seguid hambrientos. Seguid alocados.
Muchísimas gracias a todos.

jueves 24 de abril de 2008

Mujer con sombrero...

(Silvio Rodríguez)

Yo no vine a ti , viniste tú...
yo no te esperaba y te bese
se supone que debo callar
se supone que debo reír
se supone que... no debo protestar

Se supone que eres un regalo
que se me rompió enseguida
y ahora , nada , lo de siempre
se supone que eres el sombrero de una fiesta
de esos de cartón , para la ocasión

¡Oh! mujer...
si supieras lo breve que entraba la luz
en la casa de un niño , en un alto edificio
y que era la hora esperada del dia
no me hubieras besado en el hombro una vez

¡Oh! mujer...
si supieras , lo breve que entraba esa luz
en una casa , que se llamaba la noche
en una casa en la que no había más puerta
que la de la razón de aquel niño sin fe

Ahora se supone y nada más
yo también quisiera suponer
que la cobardía no existió
que es un viejo cuento de dormir
pero quedo yo... en medio de mí.

Y en medio de las mismas paredes
sonriendo a los amigos
yendo allá , desayunando
pero quedo yo aquí aplaudiendo una vez más
a los fantasmas de las seis

¡Oh! mujer...
ojalá que contigo se acabe el amor
ojalá hayas matado mi ultima hambre
que el ridículo acaba implacable conmigo
y yo , de perro fiel , lo transformo en canción

¡Oh! mujer...
no te culpes , la culpa es un juego de azar
nadie sabe lo malo que puede ser riendo
ni lo cruel que pudiera salir un regalo
no te asustes del día que va a terminar
no te asusten los puentes , que caigan al mar
no te asustes de mi carcajada final.

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Mujer con sombrero, que gran canción, muchas frases que hacen sentido, muchas cosas que me recuerdan que sólo quedo yo, en medio de mí y que la culpa en realidad es un juego de azar mujer, no te asustes...

viernes 18 de abril de 2008

Sólo soy lo que soy...

Estamos claros, no soy un tipo que caiga bien en todos lados ni que sea objeto de vida social incesante. Soy un tanto ermitaño, un tanto autista y disfruto bastante mis momentos de soledad, aunque no los de dolor. No soy de los que en las reuniones familiares juega con los niños y los hace reir, si algo me parece mal se me nota y no disimulo mis molestias.

Más de alguien ha dicho por ahí que mi carácter es insoportable, que soy un maniático de los horarios y que me obsesiono porque las cosas se hagan a mi manera, aunque sé ceder en las situaciones que lo amerite.

Me cuesta demasiado hacer las cosas que no quiero hacer, me cuesta perdonar, más no pedir perdón, soy un tanto rencoroso y orgulloso por sobre todo. Un tanto egocéntrico y sufro de cierta vanidad intelectual.

Soy celoso, mañoso con las comidas, idiota cuando tengo sueño y cuando tengo hambre, odioso cuando tengo ganas de dar jugo, seco para la talla en doble sentido, ofensivo cuando me enojo y un tanto violento cuando me hacen explotar.

Creo no ser el hombre perfecto, claramente, y no merecer que nadie perfecto cuide de mi hasta que la muerte nos separe. Soy tan humano que en cada paso estoy conciente de lo que hago bien y sobre todo de lo que hago mal, no soy ningún santo ni pretendo serlo, pero…

No miento, no tengo ningún tipo de doble estandar, trato de ayudar a tanta gente como pueda, tengo buenos sentimientos e intenciones, soy responsable y hasta un tanto perfeccionista con las cosas que me interesan.

Soy un apasionado absoluto por mis gustos y mis actividades favoritas, me contagio con optimismo cada mañana y creo que siempre mi presente es mejor que mi pasado. No tengo nada de que avergonzarme y puedo mirar a quien sea a los ojos.

Soy justo en mi trato con las personas y no creo ni en clases sociales ni distingos a la hora de ver la esencia de una persona. No soy avaro ni me importa la plata, prefiero siempre ser feliz.

Pero por sobre todo nunca he traicionado lo que soy ni mis valores, sé cumplir con mis compromisos y cuando me ato a estos, hago exactamente lo que dice el contrato, sin faltar a la verdad ni hacer daño de forma premeditada.

Considero la confianza como el valor más importante y frágil que una persona puede dar a otra, se entrega y se pierde sólo una vez. Y la fidelidad como la muestra más evidente de amor hacia otra persona, a prueba de juicios y palabras, es tan explícita que no es necesario mayor explicación.

Soy muchas cosas y por sobre todo no soy muchas otras, pero siempre he sido fiel a los valores y directrices que han guiado mi vida y me han convertido en lo que soy, no sé si bueno o malo, sólo yo.

lunes 14 de abril de 2008

Villano

Nadie simpatiza con los culpables, nadie se detiene a escuchar razones ni motivos, a nadie le importa, preferimos el juicio a priori, la condena. El culpable no tiene derecho ni siquiera a decir lo que siente o lo que piensa, que camine derecho hacia la bendita horca.

Fui yo quien se excluyó, con motivos o no, fui yo. Mi toalla fue la que cayó en la lona cuando en el quinto round me golpearon tan fuerte que pensé que se venía sí o sí el knock out. Una toalla que creía guardada se estrelló en la lona ensangrentada contra la realidad brutal de para bien, para mal o para peor quedarse solo.

Nunca ha sido mi tono arrepentirme mucho, pero tal vez debería haber puesto mi guardia más firme desde un principio, tal vez debería haber entrenado más para evitar que esos golpes se colaran en mi cara desde tan temprano en el combate. O tal vez daba lo mismo, el rival era demasiado potente y maestro en su disciplina que no importa qué hubiese hecho yo, el resultado iba a ser siempre el mismo, la toalla o el knock out.

Y hoy soy villano para tantos, hay tantos que piensan de mi lo peor, que creen que por tirar la toalla soy yo el que gana, soy yo el que celebra, soy yo el que se llena la cara de alegrías y risas, caretas para ocultar que de verdad aún importa, que de verdad aún todo está vivo a flor de piel. Hoy soy villano de muchos, pero como decía Benedetti, "Botija, no saben un corno".

No saben lo fuerte que son los golpes, no saben que cada jab a la mandíbula fue un tren, no saben que cada gancho en la sien fue como perder la conciencia, no sintieron cada golpe en la boca del estómago, no supieron que cada puñetazo fue morir, una y otra vez.

Pero que se joda el villano, que no webee más y que se quede con su "alegría" y con toda la jarana que debe ser su vida ahora que tiró la toalla y bajó los guantes, que se coma sus putas ganas de tal vez esperar que los días pasen para ver si los guantes le calzan nuevamente, que se vaya a la mierda y se quede bien callado. 


viernes 14 de septiembre de 2007

¿Estaré Viejo?


No, si estamos de acuerdo que con 24 años uno no es un veterano en nada. Ni siquiera con 50 años considero a una persona vieja, está claro. Además las paranoias con la edad nunca han sido mi tema y las encuentro bien pernas. Pero la realidad de los “lolitos” de hoy da para pensar, sobre todo porque no sé que cresta es un pokemón, una pelo-lais, un emo, etc.

O sea, a mi me dicen defíneme pokemón y lo primero que se me viene a la cabeza es al monito amarillo ese que se llamaba Pikachu y que mi sobrino veía cuando tenía como tres años. De ahí en adelante me perdí en la definición que tienen los lolos de hoy, que por lo demás están cada día más pavos.

Si hasta el diario de Eva cambió de giro (lamentablemente para mi vieja) y ahora está dedicado a puros cabros con pelos raros, dudosa sexualidad y unas tendencias tan idiotas que lo único que se me ocurre es que tienen unas carencias gigantes y de alguna forma tienen que llamar la atención.

Menos voy a saber qué es ser pelo lais o emo, o sea, ni la más mínima idea. Por eso, cuando uno ya no entiende a las generaciones más jóvenes, es inevitable preguntarse, ¿estaré viejo? Y no es tan descabellado, si este mundo evoluciona tan rápido que al fin y al cabo somos tan desechables como la tecnología que producimos.

Un computador último modelo tiene ese estatus por un par de meses y luego ya está viejo, obsoleto. Ahora todo se desecha y olvida más rápido y nuevas tendencias y tecnologías los reemplazan casi de inmediato. Por eso, mi generación, está quedando atrás a una velocidad impresionante.

Si igual me doy cuenta que ya no me las sé todas cuando mi sobrino me tiene que enseñar a jugar en el Play 2 el juego de la guitarrita. O sea yo que crecí con el Atari, ubícate. Yo soy de la generación del Mario Bros y el Mortal Kombat, cuando los juegos no los terminabai, “los dabai vuelta”.

Pero la tecnología era sólo a modo de ejemplo a lo rápido que las cosas quedan en el pasado, porque de todos modos entiendo los avances y voy a la par con ellos, pero eso ya de los pokemon y los cabros chicos que se juran japoneses, y ni eso, sino que personajes de comics japoneses, me supera.

O sea, por favor avíspense, si esos weones están muy lokos. Si en 1999 se mató la mitad creyendo que en el 2000 se acababa el mundo. El metro funcionaba minuto por medio por la cantidad de giles que se tiraba a los rieles. Pavos. Entonces que estos pendex se crean japoneses y los sigan y se sientan orgullosos de eso, es preocupante.

Tal vez mis viejos habrán dicho lo mismo cuando veían a Kurt Cobain tirarse a los amplificadores y destruir todos los escenarios, lo que para nosotros era lo más lógico. Entonces el tema vuelve a ser que mi preocupación es sólo de alarmista y lo que en realidad pasa es que estoy viejo para la “nueva onda”.

Es claro que para esos mini-japoneses chilensis yo no cacho na’ y estoy totalmente out, o como quieran llamarle. Si en su momento hasta Elvis fue un “colérico satánico” es lógico que estos niños me parezcan raros. Pero puta que son raros, si hasta los de Kudai se pintan y visten más intimidantes que Marilyn Manson y uno los escucha y cantan puras mamonerías sobre la estrellita fugaz y etc., Raro, por decir algo suave.

En fin, el paso de los años es lo único inexorable para el ser humano y si ya lo estoy sintiendo ahora no quiero ni pensar cómo va a ser la cosa cuando tenga 50 años. Voy a tener que vivir en un domo con pura gente de mi generación, en donde se nos olvide que no cachamos na’ consolándonos con el Atari y viendo a Beavis and Butthead, mientras afuera los pokemón, pelo lais y emos se toman el mundo. Qué susto!